miércoles, 6 de marzo de 2019

Perder lo que tenemos…


Perder lo que tenemos…


Fluir es vivir…
En lo más profundo, sabemos que nada, absolutamente nada, puede protegernos de la posibilidad de perder lo que tenemos, y por eso sentimos mucha ansiedad en nuestra vida.
Ahora que tenemos una casa nueva, nos preocupa la posibilidad de quedarnos sin trabajo y no poder atender los pagos en el plazo previsto. Ahora que tenemos dinero, más que abundante en nuestra cuenta bancaria, nos preocupa que pueda quebrar la economía y que nuestros ahorros se queden en nada.
Por muy feliz que seas en la relación con tu pareja, te preocupa que pueda dejarte, enfermar o algo aún peor. Te preocupa que tus hijos se hagan daño. Te preocupa tu cuerpo, todo lo que podría ocurrirle. Y sabes que nada, ni tu gran casa, ni los muebles, ni tu vistoso automóvil, ni la piscina, ni todo el dinero que tienes en el banco, ni siquiera tu amado terapista, puede protegerte de una pérdida
potencial, del cambio, de la permanencia, del rumbo que toman las cosas.
Claro que las personas y los objetos pueden darte temporalmente un sentimiento de seguridad, de comodidad o placer, pero no pueden proporcionarte lo que de verdad anhelas, que es vivir a salvo de cualquier clase de pérdida, a salvo de cualquier carencia y, en última instancia, a salvo de la muerte.
No pueden ofrecerte la seguridad que tan desesperadamente buscas; no pueden llevarte de vuelta a casa. No hay nada en el exterior que pueda llevarte de vuelta a casa. Solamente tu…
Disfruta las pequeñas cosas de la vida, porque un día te darás cuenta de que eran las más grandes…
Fluir es vivir…


¿Por qué nos sentimos culpables? (“Superyó”)


¿Por qué nos sentimos 

culpables? (“Superyó”)


Fluir es vivir…
La culpa es un sentimiento que puede experimentar el ser humano en algunos momentos. El sentimiento de culpabilidad consciente (conciencia moral) es la expresión de la condena del “superyó” sobre el “yo’”. Este “superyó”, resultado de las identificaciones del niño con sus padres, se relaciona con un ideal al que el “yo” intenta adecuarse.
Se asegura que podemos adelantar la hipótesis de que gran parte del sentimiento de culpabilidad debe ser normalmente inconsciente, porque la aparición de la conciencia moral se halla íntimamente ligada al complejo de Edipo, que forma parte del inconsciente’. Son los deseos inconscientes de ocupar el lugar del padre al lado de la madre los que, una vez reprimidos, dan origen a la conciencia moral. El sentimiento de culpa, entre lo normal y lo patológico, entre lo consciente y lo inconsciente, radica en la relación entre el “yo” y el “superyó” y tiene un origen inconsciente.
El arrepentimiento;

El sentimiento de culpabilidad, más allá de su exceso patológico, es a veces consecuencia justificada de un acto real, del que el sujeto se arrepiente. Si ese sentimiento no aparece tras una acción injusta, podemos decir que la persona carece de conciencia moral.

Pero también hay quienes sienten culpabilidad sin que ningún hecho objetivo lo explique, y los argumentos que otros puedan proporcionarles no les sirven para abandonar su certeza. Otros pueden no sentirse culpables conscientemente y, no obstante, su proceder general estar marcado por autocastigos: Tales como fracasos, sufrimientos, etc.

Un tratamiento psicoanalítico apuntará a descubrir las claves de este padecimiento, liberando a la persona que lo sufre del peso de la culpa y favoreciendo el sentimiento de responsabilidad sobre su subjetividad: sobre sus fantasías y sobre sus actos.

Si se convierte en enfermedad;
Hay dos afecciones psíquicas donde este mecanismo está exacerbado: La melancolía y la neurosis obsesiva. En ambas, el “superyó” se vuelve especialmente severo. En algunos casos de neurosis obsesiva, el sujeto se rebela contra la supuesta culpabilidad, ya que no encuentra motivos conscientes para ese sentir, buscando ayuda en el especialista. En la melancolía, en otras palabras, “el ‘yo’ se reconoce culpable y se somete al castigo”, por lo que las dificultades que experimentan estas personas son mayores.

Para el diccionario, ‘es una idea obsesiva, es una idea insistente, que el sujeto es una vivencia no voluntaria y que le invade la conciencia. Como elemento aislado es propio de una psicopatología obsesiva. Su rasgo fundamental es la persistencia’.
El sujeto experimenta un conflicto entre la idea obsesiva, cuyo origen es inconsciente, y su rechazo, que proviene de la lógica consciente.
La persona se siente invadida por pensamientos intrusivos que son vividos como repugnantes, inaceptables o absurdos e intenta rechazarlos. Un ejemplo extremo podría ser el de un hombre afectado por el temor de abandonar su casa porque se le imponía la idea de que, si salía, le quitan sus hijos y se van a desaparecer.
A la idea obsesiva le suceden síntomas que, aunque también forman parte del pensar obsesivo, conviene diferenciar: la duda, el acto y los rituales obsesivos. Estos mecanismos surgen con posterioridad y como defensa frente al pensamiento repetitivo que se impone al sujeto. En el ejemplo anterior, el sujeto oscila entre la idea obsesiva y los argumentos en contra: “Te quitare tus hijos… no, es absurdo… pero si salgo a la calle…’. Esta duda produce otras por derivación, creando pensamientos que se oponen entre sí, interminablemente. Otro ejemplo es: El acto obsesivo, en este caso, era una compulsión para cerrar la puerta para evitar salir, y el ritual, la comprobación hasta siete veces de la cerradura como garantía de que la puerta estuviera cerrada.
Observación: “Las ideas obsesivas se muestran inmotivadas y disparatadas, lo mismo que el texto de nuestros sueños nocturnos, y la primera labor que plantean es la de darles un sentido y un lugar en la vida anímica del sujeto, de modo que resulten comprensibles e incluso evidentes”.
Digamos que en su apariencia son insolubles por lo insensatas y extravagantes que resultan, pero a través de una tarea de traducción ‘adecuadamente profunda’ se llega a una solución, que ‘se consigue cuando se logra relacionar cronológicamente estas ideas obsesivas con la vida de las personas’. Es decir, cuando se analiza el momento en que surgieron por primera vez y las circunstancias en que se han repetido, con el fin de averiguar los deseos inconscientes que representan el cerrar la puerta para evitar salir, y el ritual, la comprobación hasta siete veces de la cerradura como garantía de que la puerta estuviera cerrada.
Veremos que: ‘Las ideas obsesivas se muestran inmotivadas y disparatadas, lo mismo que el texto de nuestros sueños nocturnos, y la primera labor que plantean es la de darles un sentido y un lugar en la vida anímica del sujeto, de modo que resulten comprensibles e incluso evidentes’.
En su apariencia son insolubles por lo insensatas y extravagantes que resultan, pero a través de una tarea de traducción ‘adecuadamente profunda’ se llega a una solución, que ‘se consigue cuando se logra relacionar cronológicamente estas ideas obsesivas con la vida del paciente’. Es decir, cuando se analiza el momento en que surgieron por primera vez y las circunstancias en que se han repetido, con el fin de averiguar los deseos inconscientes que representan y muestran inmotivadas y disparatadas, lo mismo que el texto de nuestros sueños nocturnos, y la primera labor que plantean es la de darles un sentido y un lugar en la vida anímica del sujeto, de modo que resulten comprensibles e incluso evidentes’.
En su apariencia son insolubles por lo insensatas y extravagantes que resultan, pero a través de una tarea de traducción ‘adecuadamente profunda’ se llega a una solución, que ‘se consigue cuando se logra relacionar cronológicamente estas ideas obsesivas con la vida de la persona’. Es decir, cuando se analiza el momento en que surgieron por primera vez y las circunstancias en que se han repetido, con el fin de averiguar los deseos inconscientes que representan diferentes planos.
En la mayoría de las ocasiones, la persona sólo presenta el sufrimiento que le producen la reiteración de determinados actos, más o menos ritualizados, como, por ejemplo, lavarse las manos repetidamente, colocar en una determinada posición los muebles de su habitación como requisito indispensable para poder conciliar el sueño, caminar sin pisar las líneas en el piso, contar siempre hasta un número concreto antes de atreverse a
realizar una determinada acción…
En tales casos, la idea obsesiva primaria, de la que se defiende el sujeto obsesivo, sólo podrá verbalizar y ser interpretada, al final de este recorrido preguntarse;
¿Por qué me siento culpable?
Fluir es vivir…

No comparto mis pensamientos para convencer a nadie…


No comparto mis pensamientos para convencer a nadie…

Fluir es vivir…
Cuando las palabras se quedaban atrapadas en mis pensamientos, escribir fue mi catarsis.
Cuando me costaba entender lo que sentía, escribir fue mi terapia.
Cuando la vida se ponía dura, escribir la hacía más ligera.
Cuando sentía que perdía el norte, escribir me permitía volver a encontrarlo.
Cuando alguien se apartaba de mi vida, escribir hacía que el adiós sea menos doloroso.
Cuando me di cuenta de todo eso, escribir me permitió sanar y llegar a otros corazones que al igual que yo comparten los mismos sentimientos hacia la vida y el amor.
Ojalá mis palabras te lleguen siempre en el momento oportuno, pero no para convencerte de que tengo la verdad absoluta, ni tampoco para darte esperanzas vacías, sino para acompañarte en tu proceso, sea cual sea, y decirte que no estás solo.
He tenido muchas experiencias buenas y dolorosas en mi vida, quizás como tú y la mayoría de las personas, pero no soy psicólogo ni nada parecido, pero si un motivador y por eso tengo la responsabilidad de decir que los procesos de cada uno son totalmente distintos, que muchas veces no sólo necesitamos que nos digan que todo va a estar bien, y leer mensajes motivadores en redes sociales, que lo que le funciona a una persona no necesariamente le funciona a otra.
Por ello, si en este momento me estás leyendo y necesitas ayuda, no dudes en buscarla, no te avergüences de hacerlo, porque créeme que es más valiente aquel que la pide, que aquel que sigue poniéndose una venda en los ojos para seguir creyendo que efectivamente todo por sí solo va a estar bien… Las palabras son poderosas, escribir es terapéutico, porque así lo es para mí y mis lecturas lo avalan, pero en muchos casos esto no es suficiente y eso no es malo.
Hoy te animo a retarte a hacer cosas que no has hecho aún, intenta escribir cuando te sientas triste, cuando algo no salió como esperabas, cuando alguien se fue, o simplemente cuando la vida no esté en su etapa de color rosa. Mira si puedes redescubrirte en la lectura o escritura y darle un nuevo significado a eso que te pasa. Pero si ya has intentado mucho y sientes que estás en el mismo lugar, no tengas miedo y busca ayuda que no hay nada de malo en eso… Malo es ser consciente de que algo no está bien contigo, y no hacer nada más, por ayudarte a sanar.
Tú, eres tu propia responsabilidad.
Fluir es vivir…


Evaluarte y dejar de odiarte a ti mismo…


Evaluarte y dejar de odiarte a ti mismo…


Fluir es vivir…
El odio por definición es un sentimiento de rechazo a alguien, aversión o antipatía, y que se traduce en acciones de venganza o represalias hacia alguien, claro que sí odio no hay amor, sin embargo, en esta dualidad de sentimientos se envuelven muchas otras cosas.
En una conversación de la madre y el hijo, en el camino a la escuela, en esas charlas de todas las mañanas, él hijo le preguntó: “¿Mami por qué hay tanto odio en el mundo?”
Encontramos muchos artículos sobre el amor, y de cómo mejorar nuestras relaciones familiares, expresar nuestros sentimientos adecuadamente. Pero hoy quiero extender este concepto a un plano poco discutido: “el odio como único sentimiento para amar”, seguro que estarás pensando que si odias no hay amor, sin embargo, en esta dualidad de sentimientos se enreda una verdad. Que no es tan solo el odio.
El odio por definición es un sentimiento de rechazo a alguien, aversión o antipatía, y que se traduce en acciones de venganza o represalias hacia alguien. Un claro ejemplo de cuando el odio que se siente es dirigido hacia la humanidad, estaríamos hablando de “misantropía”, esta forma de odio se extiende generando el odio por la raza, color, religión, o de género; expresiones que se han vuelto muy populares, desafortunadamente.
Lee Kim Kardashian causa furor al usar las botas más feas y raras, ¿todo vale al tratar de llamar la atención?
Como todo comienza por el núcleo de nuestra sociedad, que es la familia, sería muy necio ignorar en qué estamos fallando como padres o toda la sociedad. Lo mejor para mí, es realizar una introspección y evaluar cómo estamos con el amor hacia nosotros mismos, o más bien el odio hacia nosotros mismos. Sí, suena duro, pero es real y déjame explicarlo mejor.
Así como no es simple ver como un ser humano puede eliminar a otros, y nos horrorizan, todo tiene un comienzo, una razón. No es mi intención juzgar, lo importante es verse a sí mismo, y verás que cerca y muy común, es odiarse a sí mismo.
Cómo empieza todo.
Sentir odio a nosotros mismos es auto realizarnos. Por supuesto que tiene que ver con nuestra infancia y con cómo nuestros padres nos veían y expresaban el amor; de allí nace el sentimiento de aceptación o negación de quienes somos en verdad.
Esto no quiere decir que ellos son los culpables de quienes somos, en verdad no, pues ellos recibieron lo mismo, y la vida nos enseña cómo mejorar y cambiar estas creencias. Lo importante aquí es identificar cuál es el valor que nos damos y cuánto nos aceptamos. (Esto se llama la autoevaluación.)
En casos más extremos, el odio a uno mismo surge de situaciones traumáticas vividas en la niñez, como una violación o el abandono. En ambos casos es importante hacer algo al respecto, como pedir ayuda profesional, de lo contrario, seguiremos actuando como niños caprichosos con miedo, aunque estemos en un cuerpo de adulto.
Distorsión de la realidad.
Cuando uno se odia a sí mismo, pierde la perspectiva de la realidad, fantasea y asume cosas irreales como reales. Distorsiona las cosas o situaciones y aparece la negación de uno mismo, o de la situación por eso el delirio y la fantasía. ¿Te suena familiar? Sí, no es algo tan raro en tu vida diaria. De allí se desencadenan las diferencias y malentendidos que a diarios enfrentamos con otras personas.
Pensamientos negativos.
Todos tenemos este tipo de pensamientos, pero cuando nos odiamos, son reiterativos, y se van sumando; así construimos una imagen negativa e irreal hacia nosotros o en contra de nosotros.
Los pensamientos negativos se presentan como una voz interior, con quien tenemos largas conversaciones; esta voz interior por supuesto es muy crítica con nosotros mismo y nuestro sentido de perfeccionamiento no nos permite equivocarnos, por lo que cuando sentimos que lo hacemos, la crítica cae como piedra destruyendo nuestra imagen personal y nuestra autoestima.
Hacer lo que estamos acostumbrados a hacer.
Como forma de afrontar el odio a sí mismo, tendemos a crear mecanismos propios que empeoran la situación; el aislamiento y encerrándose en un cuarto, comiendo en exceso o consumiendo cualquier tipo de sustancias nocivas para nuestro cuerpo, la acumulación de cosas, son algunos ejemplos.
Lee, Mujeres o Hombres fatales: 3 características que toda mujer o hombre debe imitar.
Tres sugerencias para seguir para dejar de odiarte a ti mismo.
Para a tiempo tu conversación interior.
Primero, recuerda que hablamos de esa voz interior crítica que siempre está hablándote e imponiendo pensamientos negativos. Encuentra el origen de esos pensamientos, detente, toma conciencia del momento y reflexiona: ¿Cuál es la causa? ¿Un comentario? ¿Algo que viste en la televisión? ¿O simplemente un pensamiento errante? Mantente en el presente, y en lo quien realmente eres. “Soy real debe ser tu afirmación”.
Nuestros padres son nuestros modelos.
Seguro que ellos pasaron por lo mismo, tal vez lo pudieron arreglar o sólo lo transmitieron. Trata de encontrar las semejanzas en las acciones, decisiones, conversaciones que escuchaste, porque de ahí aprendiste. Valoriza todo lo bueno que recibiste de ellos y mejora lo que hay que cambiar.
Identifica tus propias creencias y valores.
El sentimiento de odio a sí mismo está generado también por el deseo de agradar a los demás, para así ser aceptados o reconocidos. De allí que nuestros propios intereses y necesidades se van postergando y confundiendo con la de los otros y terminan por perderse, causando una sensación de enojo y odio más fuerte.
Por eso identifica tus verdaderos valores y creencias, y de ahí toma todas tus decisiones y acciones; aprende a decir no, si esto no va con tus valores, no importa que el otro se enoje o no te apruebe, al final, el verdadero amigo o pareja te aceptará tal y como eres, o sino mejor quedarse solo, pero feliz.
A la pregunta inicial del niño, yo le haría esta pregunta: ¿Qué hay en tu corazón? ¿Que sientes por ti mismo? Si contesta que te ama, contestó. Bien, empezamos bien.
Fluir es vivir…

Algunas verdades, pueden ser incómodas…


Algunas verdades, pueden 

ser incómodas



Fluir es vivir…
En estos tiempos que vivimos todo parece confuso, paradójico, incluso surrealista.
El que sabe, calla. El que habla, no sabe o no quiere saber. El que grita, no tiene razón. El que solo quiere tener la razón, te la quita. El que se mantiene en el silencio del corazón, sí la tiene. El que tiene razón, muchas veces no tiene corazón. El que tiene corazón, parece no tener razón. Quien te ama, a ratos calla…
Pero las cosas son más sencillas de lo que parecen.
Aceptamos solo lo que nos parece, renunciamos a lo que es. Aceptamos la mentira y el engaño y negamos la verdad.
Parece que nuestro mundo se acaba, pero la verdad es que no, solo está cambiando, afortunadamente. Parece que, “los buenos de la película” sean los buenos y son los malos, los disfrazados. Hablan de solidaridad, cooperación y humanidad, pero solo hablan.
Los que hablan de conciencia, no viven según ella. Los que dicen proteger el medio ambiente o las causas sociales, solo intentan lucrarse de las carencias propias y ajenas o de lo que ellos mismos destruyen.
Los que hablan de corrupción, son los más corruptos y solo miran a los demás. Los que hablan de unión y singularidad, provocan separación y exclusión.
Los que hablan de cambio, solo quieren permanecer como están. Los que solo hablan de amor, no saben amar de verdad…
Al final y tras todo ello está el silencio de la verdad, el tuyo y el mío. Ese silencio interior que sabe lo que hay, sin dejarse influir por lo que solo parece que pasa, por fuera. En él te reencuentras con la verdad del amor, de lo esencial de la vida, con la Humanidad, con la armonía y la paz en medio del caos, con lo auténtico, con lo que realmente conforma tu vida y lo que sientes en ella, con los valores que persigues, con los propósitos que tienes, con lo que sueñas cada día, con lo que ansías compartir con amor con los demás y con todo lo que te rodea.
El silencio de una mirada, la de un ser amado, de la contemplación de la Naturaleza silenciosa, de la placidez de un bebé durmiendo, de una sonrisa o un abrazo sincero, de una palmada en el hombro o de una sutil caricia tierna, de un ¿cómo estás? que espera una respuesta sincera, de un “hasta luego” con la esperanza fundada de un nuevo reencuentro, cercano…
Tal vez cambien los escenarios, sus protagonistas, pero en tu interior nada cambia. Lo esencial permanece, se expande, crece y, si fluyes, se comparte, si tienes el valor de amarte y de amar, sin condiciones y a partes iguales. Porque eso es la vida, sin más… y sin menos.
Lo demás, lo que nos rodea, solo es ruido, solo es miedo, que no debería distraerse de tu capacidad de ser feliz y de compartir la felicidad con amor, viviéndola cada día…
Fluir es vivir…