domingo, 9 de octubre de 2016

El presente, está vivo…

El presente, está vivo…



Por lo que yo puedo ver, no hay nada irregular en mi cuerpo, ni en mi ser real. Ninguno de ellos es de hechura mía y no necesitan ser mejorados. Lo que no ha ido bien es el “cuerpo interior”, llámelo mente, consciencia, cualquiera que sea el nombre.
¿Qué considera usted que no va bien en su mente?
Es inquieta, codiciosa de lo agradable y temerosa de lo desagradable.
¿Qué hay de malo en su búsqueda de lo agradable y en su huida de lo desagradable?
El río de la vida corre entre las orillas del dolor y del placer. Es solo cuando la mente se niega, a correr con la vida y se aferra a las orillas, cuando eso deviene en un problema. Por correr con la vida quiero decir “aceptación”, dejar que venga lo que viene y que se vaya lo que se va. No desee, no tema, observe lo que acontece, cómo y cuándo acontece, pues usted no es lo que acontece, usted es a quien ello acontece. Finalmente, usted no es, ni siquiera el observador. Usted es la potencialidad última de la que la consciencia obniabarcante, es la manifestación y expresión.
Sin embargo, entre el cuerpo y el sí mismo, hay una nube de pensamientos y de sentimientos que no sirven, ni al cuerpo, ni al sí mismo. Estos pensamientos y sentimientos son inconsistentes, transitorios y desprovistos de significación, mero polvo mental, que ciega y sofoca; sin embargo, están ahí, oscureciendo y destruyendo.
Ciertamente, la memoria de un acontecimiento, no puede pasar por el acontecimiento mismo. Tampoco lo puede su anticipación. Hay algo excepcional, único, en el acontecimiento presente, que no tienen el acontecimiento pasado, ni el venidero. Hay en él una viveza, una actualidad; destaca como si estuviera iluminado.
En lo que acontece ahora hay el “sello de la realidad”, que el pasado y futuro no tienen.
¿Qué es lo que da al presente ese “sello de la realidad”?
No hay nada peculiar en el acontecimiento presente que lo haga diferente del pasado y del futuro. Por un momento el pasado fue actual y el futuro lo devendrá también.
¿Qué hace al presente tan diferente?
Obviamente, mi presencia. Yo soy real, porque yo soy siempre ahora, en el presente, y lo que está conmigo ahora participa en mi realidad. El pasado está en la memoria, el futuro, en la imaginación. No hay nada en el acontecimiento presente mismo que lo haga destacar como real. Puede ser, un suceso simple, periódico, como la campanada de un reloj. A pesar de nuestro conocimiento de que las campanadas sucesivas son idénticas, la campanada presente es completamente diferente de la anterior y de la siguiente, en tanto que recordada, o esperada. Una cosa enfocada en él ahora está conmigo, pues yo soy siempre presente; es mi propia realidad la que yo imparto al acontecimiento presente.
Pero nosotros tratamos cosas recordadas como si fueran reales.
Nosotros consideramos los recuerdos, solo cuando irrumpen en el presente.
Lo olvidado no cuenta, hasta que uno lo recuerda, lo cual implica traerlo al ahora.
Sí, puedo ver que hay en el ahora algún factor desconocido que da realidad momentánea a la actualidad transitoria.
Usted no necesita decir que es desconocido, pues usted lo ve en constante operación. Desde que usted nació, ¿ha cambiado alguna vez? Las cosas y los pensamientos han estado cambiando todo el tiempo. Pero la sensación de que lo que es ahora es real, no ha cambiado nunca, ni siquiera en sueño.
En el sueño profundo no hay ninguna experiencia de la realidad presente.
La vacuidad del sueño profundo se debe enteramente a la falta de recuerdos específicos. Pero hay una memoria general de bienestar. Hay una diferencia de sensación cuando decimos “yo estaba profundamente dormido” y “yo estaba ausente”.
Vamos a repetir la pregunta con la que comenzamos: entre la fuente de la vida y la expresión de la vida (que es el cuerpo), está la mente y sus estados siempre cambiantes. La corriente de los estados mentales es sin fin, sin significación y dolorosa. El dolor es el factor constante. Lo que nosotros llamamos placer es sólo un lapso, un intervalo entre dos estados dolorosos. El deseo y el temor son la trama y la urdimbre del hecho de vivir, y ambos están hechos de dolor. Nuestra pregunta es: ¿puede haber una mente feliz?
El deseo es el recuerdo del placer, y el temor es el recuerdo del dolor.
Ambos hacen a la mente inquieta. Los momentos de placer son meramente lapsos en la corriente del dolor. ¿Cómo puede ser feliz la mente?
Eso es verdad cuando deseamos placer o esperamos dolor. Pero hay momentos de dicha inesperada, imprevista. Dicha pura, no contaminada por el deseo.
No buscada, no merecida, dada por El Universo.
Sin embargo, la dicha solo es dicha frente a un trasfondo de dolor.
¿El dolor es un hecho cósmico, o puramente mental?

El Universo es completo y donde hay completad, donde no falta nada, ¿qué puede dar dolor?




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