jueves, 1 de septiembre de 2016

Carta de un anciano, a sus seres queridos...

Carta de un anciano, a sus seres queridos...



Con frecuencia, con demasiada frecuencia, nos llegan noticias de abandono de ancianos, e incluso de eliminación de los mismos por inútiles para la sociedad.
Se habla ahora de la eutanasia. Los ancianos van con miedo a algunos hospitales o geriátricos porque no saben lo que van a hacer con ellos.
Se ha visto materialmente consumirse a un grupo de ancianos en los llamados hogares de acogida, o casas de ancianos. Y en muchas de ellas las mejores áreas son para los que pagan bien. Muchas de estas son denunciadas a las autoridades y a la larga no se consigue acabar con ellas, y sus injusticias tan crueles.
Me he acordado de una historia que tengo en mis escritos, y con mucho gusto se las ofrezco al lector que, seguro, tiene buen corazón para los que han dado la vida por nosotros.
El día que este viejo y ya no sea el mismo, ten paciencia y comprenderme. Cuando derrame la comida sobre mi camisa y olvide como amarrarme mis zapatos, recuerda las horas que pasé enseñándote a hacer las mismas cosas.
Si cuando dialogas conmigo, y te repito y repito las mismas palabras que sabes de sobra como terminan, no me interrumpas y escúchame. Cuando eras muy pequeña/o para que te durmieras tuve que contarte miles de veces el mismo cuento hasta que cerraras los ojos.
Cuando estamos reunidos y sin querer haga mis necesidades, no te avergüences y comprenderme que no tengo la culpa de ello, pues ya no puedo controlarme. Piensa cuantas veces cuando eras niña/o te ayudé y estuve paciente a tu lado esperando a que terminaras con lo que estabas haciendo.
No me reproches porque no quiera bañarme; no me regañes por ello. Recuerda los momentos que te perseguía con los miles de pretextos que te inventabas para hacerte más agradable tu baño. Acéptame y perdóname. Ya que soy el niño ahora.
Cuando me veas inútil e ignorante frente a todas las cosas tecnológicas que ya no podré entender, te suplico que me des todo el tiempo que sea necesario para no lastimarme con tu sonrisa burlona. Acuérdate que yo fui quien te enseñó tantas cosas. Comer, vestirte y tu educación para enfrentar la vida tan bien como lo haces, son productos de mis esfuerzos y perseverancia por ti.
Cuando en algún momento mientras hablamos me llegue a olvidar de que estamos hablando, dame todo el tiempo que sea necesario hasta que yo recuerde, y si no puedo hacerlo no te burles de mi; tal vez no era importante lo que hablaba y me conformo con que me escuches en ese momento.
Si alguna vez ya no quiero comer, no me insistas. Sé cuánto puedo y cuanto no debo. También comprende que con el tiempo ya no tengo dientes para morder, ni gusto para sentir. Cuando me fallen mis piernas por estar cansadas para andar, dame tu mano tierna para apoyarme como lo hice yo cuando comenzaste a caminar con tus débiles piernas.
Por último, cuando algún día me oigas decir que ya no quiero vivir y sólo quiero morir, no se enfaden conmigo. Algún día entenderás que esto no tiene que ver con su cariño o cuánto las amo. Trata de comprender que ya no vivo, sino que sobrevivo, y eso no es vivir.
Siempre quise lo mejor para ustedes y he preparado los caminos que han debido recorrer. Piensa entonces que con el paso que me adelanto a dar, estoy construyendo para ustedes otra ruta en otro tiempo, pero siempre con ustedes.
No se sientan triste o impotente por verme como me ven. Dame tu corazón, comprenderme y apoyarme como lo hice cuando empezaron a vivir. De la misma manera como las he acompañado en su sendero, les ruego me acompañen a terminar el mío. Dándome amor y paciencia, que les devolveré con gratitud y sonrisa con el inmenso amor que les tengo.
Hay que mirar a los ojos de los ancianos y decir sencillamente:
Gracias por lo mucho que te debemos...

Un abrazo fuerte, y siempre con ustedes...



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