viernes, 16 de septiembre de 2016

Sin enemigos… Empieza por ti.

Sin enemigos… Empieza por ti.



Sin comunicación no puede haber una verdadera comprensión. Pero asegúrate, ante todo, de poder comunicarte contigo mismo, ya que, si no eres capaz de hacerlo, ¿cómo esperas a comunicarte con otra persona? Con el amor ocurre lo mismo. Si no te amas a ti mismo, no podrás amar a otra persona. Si no puedes aceptarte, ni tratarte con afecto, tampoco podrás hacerlo con otro.
Con gran frecuencia te comportas como tu padre, aunque no te des cuenta. Y a pesar de comportarte como él, sientes que eres totalmente distintos. No lo aceptas, lo odias. Cuando no aceptas a tu padre, no te estás aceptando a ti mismo. Tu padre está en ti, porque el contribuyo para que tu vengas a este mundo, tú eres su continuación. Por eso, si puedes comunicarte contigo mismo, podrás comunicarte con tu padre.
El yo está formado de elementos, no-yo, por tanto, el comprendernos a nosotros mismos constituye nuestra práctica. Nuestro padre es un elemento, no-yo. Decimos que nuestro padre no es nosotros, pero sin él no podríamos existir. Él está totalmente presente en tu cuerpo y en tu mente. Está en ti. Por eso, si te comprendes a ti mismo, a todo, tu yo, estás comprendiendo a tu padre, él no está fuera de ti.
Hay muchos otros elementos, no-yo, que puedes sentir y reconocer dentro de ti: tus antepasados, la tierra, el sol, el agua, el aire, toda la comida que consumes y muchas cosas más. Quizá te parezca que estas cosas están separadas de ti, pero sin ellas no podrías vivir.
Supón que dos bandos contendientes desean negociar y que ninguno se conoce suficientemente, a sí mismo. Para conocer al otro partido, a la otra nación, al otro pueblo, has de conocerte de verdad a ti mismo, a tu país, a tu partido y a tu situación. Uno mismo y los demás no son dos cosas distintas, porque el sufrimiento, la esperanza y la ira de ambos son, muy similares.
Cuando nos enojamos, sufrimos. Si realmente entiendes esto, entenderás también que cuando la otra persona está enojada, significa que está sufriendo. Cuando alguien te insulta o se conduce de manera violenta contigo, tienes que ser lo bastante inteligente para ver que esa persona está sufriendo, por culpa de su propia violencia e ira.
Pero, tendemos a olvidarlo, creemos que somos los únicos que sufrimos y que el otro es nuestro opresor, lo cual basta para aumentar la ira que sentimos y reforzar el deseo de castigarle. Queremos castigarle porque sufrimos. Y entonces hay ira y violencia en nosotros, igual que las hay en la otra persona. Pero cuando veamos que el sufrimiento y la ira que experimentamos, no son distintos del sufrimiento y la ira que el otro experimenta, nos comportaremos con más compasión.
Entender a la otra persona es entenderte a ti mismo, y entenderte a ti mismo es entender a la otra persona. Todo debe empezar en ti Para entendernos tenemos que aprender a practicar el camino de la no-dualidad. No debemos de luchar contra la ira, porque la ira es una parte de nosotros mismos. La ira tiene una naturaleza orgánica, al igual que el amor. Tenemos que cuidar de la ira.

Y como es una entidad orgánica, un fenómeno orgánico, se puede transformar en otra entidad orgánica. La basura se transforma en compost, en una lechuga o un pepino. Por tanto, no desprecies la ira que sientes, no la combatas ni la reprimas. Aprende el tierno método de ocuparte de ella y de transformarla en la energía, de la comprensión y la compasión.



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