martes, 23 de febrero de 2016

Tú no eres tus pensamientos...

Tú no eres tus pensamientos.



Me gustaría compartir con ustedes unas reflexiones que he hecho junto a alguien a quien quiero mucho últimamente. Es una persona que se deprime con mucha facilidad y que tiene una autoestima muy baja. La salud de la autoestima depende en gran medida de tus pensamientos y tú no eres tus pensamientos. Del mismo modo que no eres unos ojos de color azul, o un pelo rubio, unas libras de más o unas manos, o demasiado pequeña/o.
Tus pensamientos van por libre y es algo que cuando antes entiendas, aceptes y aprendas a controlar antes podrás salir de la vorágine en la que te metes cuando caes en los pensamientos negativos. La autoestima es la capacidad de apreciarnos a nosotros mismos, de querernos, viene a ser la idea que tenemos de nosotros mismos, cómo nos vemos, cómo creemos que somos, pero también tiene que ver con todo aquello que nos pasa y cómo nos relacionamos con ello. Nuestra forma de afrontar la vida depende de la forma de pensar que tengamos y de la salud de nuestra autoestima. Los pensamientos y la forma que tenemos de enfrentarnos a ellos determinarán la salud de nuestra autoestima, el modo de enfrentarnos a la vida y el nivel de felicidad que sintamos. La autoestima es muy necesaria para afrontar con garantía y seguridad las distintas cosas que nos van pasando, sin una buena autoestima no seremos capaces de enfrentarnos a retos, pues no nos creeremos capacitados para conseguirlo y tampoco seremos capaces de superar los problemas pues se nos harán mucho más grandes de lo que serían, o nos parecerían, si lo viéramos de forma positiva. Tener una baja autoestima es un modo de relativizarlo todo. Para ayudarte a mejorar con tu autoestima y a superar los problemas con los que te vas encontrando. Aquí tenemos las pistas o clave para que salgas del agujero y puedas ver la vida con optimismo y seguridad.
Cómo entender los pensamientos.
En primer lugar, diremos que los pensamientos se auto alimentan a ellos mismos. Hemos hablado ya muchas veces en este blog de cómo funciona el cerebro, que es una máquina de procesar información. Procesa mucha más de la que nos podamos imaginar y sólo somos capaces de ver y entender una parte de estas. Como el cerebro tiene que procesar mucha información cada vez, lo que hace es automatizar ciertos procesos, los pensamientos forman parte de ello. De este modo si siente que tienes miedo, recurrirá a lo que sabe sobre el miedo y te preparará para enfrentarte a esa situación.
Así, si nos sentimos asustados ante algo, recordaremos la última vez que nos asustamos y sabremos cómo reaccionar, o por el contrario tendremos más miedo, dependiendo de cómo hayamos salido de la situación la vez anterior.
Además, el cerebro tiende que recordar cosas a medida que se meten en el contexto. Cuando ves fotos eres capaz de recordar muchos detalles sobre un día que si no vieras la foto no recordarías. El cerebro hace lo mismo con los pensamientos. Cuando el contexto es favorable a determinada cosa, genera más pensamientos relacionados. En el caso de una foto de un cumpleaños infantil puedes recordar los regalos que te hicieron ese día, aunque no estén en la foto, en el caso de un pensamiento negativo, puedes llegar a pensar que tú no vales para nada. El caso es que el cerebro encuentra un contexto concreto y se pone a recordar y a pensar del modo que proporciona el contexto. Así, cuanto peores sean tus pensamientos y más frecuentes sean los pensamientos negativos y dañinos, más fácil será que pienses de este modo y más difícil será que salgas de esta situación.
Piensa que nuestro cerebro no necesita más que una pequeña chispa para ponerse en marcha. Cuando acumulas gran cantidad de pensamientos y experiencias negativas, es mucho más fácil llenar de nuevo el espacio de nuestros pensamientos con negativismo. Una pequeña cosa, que consideres negativa, puede funcionar exactamente igual que la foto del día que soplaste las velas de tu séptimo cumpleaños: es un entorno conocido dispuesto en el que encontrarás muchos más recuerdos que tiran del primero.
Imaginemos que tu momento negativo es que te has dormido. Rápidamente pensarás que estás tan cansado, que tu vida es un desastre, que es agotador, que ya no puedes más, que cada día lo haces peor, que vas a llegar tarde al autobús, tendrás que coger el siguiente, que va lleno de gente y no solo vas a llegar tarde al trabajo, sino que llegarás sudado y de mal humor. Estar de mal humor en el trabajo es casi una garantía de que todas las llamadas incordian tes te entren a ti ese día, vas a tener que atender a un montón de personas que están enfadadas y que no entienden que tú no tienes la culpa de sus problemas pero que te van a usar para descargar su malestar. Podría seguir mucho rato, las personas que piensan de este modo, encadenan unas cosas con otras y siempre tienen motivos para estar enfadados, pensar que las cosas les van mal y justificar que la culpa es toda de ellos, o de los demás, si se sienten víctimas de las circunstancias.
Este tipo de pensamientos, como ves se alimentan a sí mismos. Sería como que el primer pensamiento es una gota de agua que cae sobre una tierra llena de semillas dispuestas a brotar en cuanto haya las condiciones necesarias. Y siempre las hay. Cuanto más crecen las semillas más agua les cae encima por lo que pronto tendrás una selva de pensamientos negativos. Cuando consigues controlarlos se quedan de nuevo como semillas inertes esperando a que una nueva gota de agua las haga brotar, por supuesto hay más semillas que la última vez que se desencadenó la crecida puesto que has añadido todas tus últimas experiencias negativas a las que ya tenías.
Pronto veremos por qué los pensamientos son inevitables y qué podemos hacer para que no nos controlen nuestros pensamientos, sino que seamos nosotros quienes les controlemos a ellos. Recuerda que tú no eres tus pensamientos. Si estás preocupado por este tema probablemente necesites un empujón para ayudarte a subir tu autoestima, entrar en una espiral de pensamientos negativos es lo que hace que la tengas por los suelos.
Continuamos hoy con el artículo sobre los pensamientos que iniciábamos en el Escrito En él te contaba que tú no eres tus pensamientos, hoy voy a seguir explicando por qué digo esto y cómo lo puedes comprobar por ti mismo. Una vez lo ves y te das cuenta de que es así es mucho más fácil conseguir controlarlo. Los pensamientos son algo, que como vimos, funcionan mejor si se crea el ambiente adecuado para ellos. Vimos como los recuerdos llegan mejor a nuestra mente si olemos algo que nos traslada a un momento determinado o si vemos una foto de un día del que no tenemos muchos recuerdos, al ver la imagen los recuerdos vienen por sí mismos. Es fácil llamar a determinados pensamientos, pero como puedes ver no es fácil recordar o pensar algo concreto, por mucho que creamos que sí.
Puedes fingir que piensas algo: soy alta/o, rubia/o y con ojos azules. Y lo pienso sí, pero no me lo creo, por lo tanto, en realidad no lo estoy pensando, estoy hablando desde mi cabeza, lo pronuncio cerebral mente, por decirlo de alguna manera, pero en realidad no lo pienso. Podría decirlo en voz alta, y por mucho que lo diga, no soy rubia/o, ni alta/o, ni tengo los ojos azules, así que no voy a poder pensarlo en la vida. Por tanto, no te engañes creyendo que tú ya eres capaz de pensar cosas positivas, puede que sí, pero que en realidad no te las creas, como me pasa a mí con el color de mis ojos si digo que son azules.
Así pues, los pensamientos, lo que de verdad cree nuestro cerebro, no siempre los podemos elegir, no siempre podemos cambiarlos, ni siempre podemos llamarlos cuando les necesitamos, aunque hay modos de hacer que el cerebro encuentre un contexto y recuerde. Lo saben quién estudia, por ejemplo, recordando la disposición de la información en la página. Cuando le das al cerebro un contexto funciona mucho mejor. Y eso, ni más, ni menos, es lo que hacen las personas con baja autoestima, en su cabeza siempre está preparado el contexto del “todo va mal”. De este modo un pequeño pensamiento negativo, encuentra el contexto perfecto para enraizar, crecer y unirse a otros muchos pensamientos negativos, que hunden una vez más a la persona con baja autoestima. Esto es algo que tienes que cuidar con cariño, tu autoestima determinará el modo en el que ves el mundo y el mundo te ve a ti. Cómo mejorar la autoestima, con el que aprenderás a controlar los pensamientos negativos sobre ti mismo y los cambiarás por pensamientos positivos, que acabarán creando un nuevo contexto en el que tu cerebro funcionará de forma más positiva.
Cómo observar tus pensamientos
Hoy quiero proponerte una práctica para que veas por ti mismo cómo es casi imposible controlar lo que piensas. Se trata de una pequeña meditación. No te asustes, muchas personas asocian meditación con algún tipo de rezo, pero no tiene nada que ver con la religión, no voy a hacerte cambiar de credo ni de Dios. Se trata simplemente de estar unos instantes contigo mismo buscando la conexión con tu yo interior. El que no ve nadie, muchas veces ni siquiera tú mismo.
La meditación busca dar voz, escuchar a nuestro subconsciente más allá de los pensamientos que nos persiguen todo el día, por ello, el primer objetivo de una meditación es no pensar. Se supone que cuando dejamos la mente en blanco, algo que verás es muy difícil de hacer, podemos escuchar lo que realmente pensamos. Aunque nunca llegues a tener ese nivel de concentración en la meditación, meditar es una práctica muy buena para luchar contra el estrés y para relajar los músculos y tener más energía para el día a día.
Como decía el objetivo de la meditación es no pensar. Dejar la mente en blanco. Prueba a hacerlo del siguiente modo.
Túmbate, de modo que estés cómodo y no tengas frío. Cierra los ojos y trata de liberar las tensiones del cuerpo. Localiza donde están y al sacar el aire de la respiración piensa que estás liberando esa zona. Poco a poco ves relajando la respiración y concéntrate en ella.
Si no te apetece hacer una meditación larga prueba a hacerlo sólo un minuto. Para ver cómo funcionan tus pensamientos será más que suficiente.
Tu objetivo en esta meditación es concentrarte en tu respiración, en nada más que eso. Siente cómo entra el aire en tus pulmones a través de la nariz, sigue su recorrido tanto como puedas y dirígete a la zona más baja de los pulmones de modo que al respirar se levante el estómago y no las costillas. Si no sabes cómo hacerlo pon la mano sobre tu barriga y trata de levantar la al respirar.
Respira de este modo durante un minuto, sin pensar en nada más que en respirar, cómo entra el aire y cómo sale. Simplemente respira.
Puedes hacerlo ahora mismo, sentado, o de pie, donde estés leyendo esto. Simplemente cierra los ojos si puedes y si no mira un punto fijamente y trata de abstraerte de los ruidos y el entorno durante un minuto mientras piensas únicamente en tu respiración. No pienses en nada más. Hazlo antes de seguir leyendo esto.
Si lo has hecho seguramente habrás comprobado que es imposible no pensar. Por muchas ganas que le hayas puesto y muy buena intención que tuvieras seguro que en algún momento te has descubierto pensando en algo que te rodea, con un pensamiento que no tiene nada que ver con lo que haces. Puede que no te hayas dado cuenta y hayas escuchado a tus pensamientos o puede que hayas sido consciente de ello y voluntariamente hayas regresado a la meditación.
Sea como sea, te acabas de dar cuenta que, aunque no quieras pensar los pensamientos vienen a ti sin que puedas evitarlo. Es así, si no has podido comprobarlo, sigue meditando en tiempos más largos para que veas cómo los pensamientos están ahí, quieras o no quieras, y no siempre piensas en cosas que tienen lógica. Cuando meditas pasan por tu cabeza pensamientos que realmente te sorprenden.
El ejercicio de hoy, pues es meditar, para ver cómo funcionan los pensamientos. En el escrito seguimos y te cuento qué hacer con ellos. Como comprobarás, controlarlos es complicado por lo que te recomiendo un buen entrenamiento en autoestima para pensar de forma positiva deliberadamente: Cómo mejorar la autoestima.
Si nos has seguido estos últimos días ya habrás leído las dos primeras partes de este artículo. Si no lo has hecho te recomiendo que lo hagas, en el primero de ellos, hablábamos sobre cómo funcionan los pensamientos, que necesitan un entorno conocido para reproducir los recuerdos, los pensamientos se producen en cadena y cuando un pensamiento malo acude a tu cabeza, si encuentra un entorno favorable, iniciará una serie de pensamientos negativos encadenados que pueden alargarse durante todo el día y continuar al día siguiente. Seguro que lo has vivido. Quieres tener un buen día, pero te pasa algo malo y después todo sigue mal.
El segundo artículo de esta serie queríamos demostrar que los pensamientos son independientes de ti. No siempre controlas lo que piensas. Ni siquiera puedes controlar pensar o no pensar. Los pensamientos van y vienen y es realmente complicado gestionarlos, como para pedir que los controles. Lo comprobamos en el artículo dos con una sencilla meditación que puedes hacer en un minuto y con la que comprobarás, que, aunque no quieras los pensamientos llegan a tu cabeza o salen de ella, como sea.
La tercera parte de este artículo, una vez hemos comprobado que no tenemos el control sobre lo que pensamos ni cuándo los pensamientos vienen a nuestra cabeza, consiste en explicar precisamente el título del artículo: tú no eres tus pensamientos. Solemos necesitar este tipo de explicaciones cuando lo que pensamos no nos gusta, cuando nos lleva a actuar de un modo que no querríamos y cuando nuestra vida gira entorno a un negativismo constante. Aunque entiendas y practiques lo que exponemos en esta serie de artículos es necesario que refuerces tu autoestima ya que después de mucho tiempo de pensamiento negativo es imposible que esté intacta. Aunque no sientas que tienes problemas de autoestima, te recomiendo que obtengas herramientas para superar los momentos de bajón y no castigarte a ti mismo de forma innecesaria en el futuro.
Después de comprobar que los pensamientos crecen fácilmente en un entorno favorable a ello y que no podemos controlar lo que pensamos ni cuándo lo pensamos lo que tenemos que hacer es entender y aceptar que no somos lo que pensamos.
Lo has comprobado al intentar mantener la mente en blanco y ver qué era imposible. A veces son pensamientos que se cruzan y otras directamente te pones a pensar en otra cosa. Es decir, a algunos pensamientos les haces caso y a otros les dejas pasar, pero no por ello dejan de estar ahí, de venir a visitarte.
Tú no eres lo que piensas, pero eres lo que haces con tus pensamientos, la forma en la que actúas, lo que dices y lo que haces después. Me gusta explicarlo comparando los pensamientos con el clima, un día puede llover mucho y tú no eres nadie para evitarlo.
Cuando llueve tienes varias opciones, te voy a dar unas cuantas, pero seguro que se te ocurren muchas más: puedes disfrutar como un niño mojándote con el agua y sentir alegría, libertad, qué se yo… puedes usar un paraguas y tratar de no mojarte, puedes quedarte en casa sin salir disfrutando de la buena temperatura de tu hogar y viendo cómo se mojan los cristales o puedes quedarte en casa enfadado por no haber podido cumplir los planes que tenías. Por último, puedes salir a la calle y mojarte sin disfrutar del paseo y pasar el resto del día mojado y lamentando el frío y la incomodidad que sientes.
Tus pensamientos son como esa lluvia y lo que hagas con ellos es lo mismo que puedes hacer en un día lluvioso, o soleado o con mucho viento, da igual. Como dice un dicho popular “no siempre llueve a gusto de todos”. A unos les vendrá bien que llueva y a otros no, pero el caso es que tu día dependerá de cómo afrontes esa lluvia. ¿Verdad?
Con los pensamientos ocurre lo mismo. No puedes evitar que estén ahí, que te parezcan oportunos o molestos, que te apetezca pensar en ello o que sea lo último que querrías pensar. Lo que sí puedes hacer es decidir cómo te enfrentas a ellos. Como antes tienes varias opciones: ignorarlos, usarlos para disfrutar de ellos, ponerte de mal humor, darles una vuelta o dejar más espacio para que haya más pensamientos como los que acabas de tener, funciona con los buenos y los malos pensamientos. Si el entorno es favorable los pensamientos, de un signo u otro crecerán. Por tanto, lo más adecuado que puedes hacer es tratar de crear un entorno favorable en tu cabeza para aprender a llamar a más pensamientos positivos y disminuir los pensamientos negativos.
Lo más complicado de todo es aprender a ignorar los pensamientos. Es importante no darles vueltas a las cosas. Piensa las cosas una vez y no te recrees en ello. Si alguien hace algo que te molesta no lo pienses durante más de dos minutos. Ponte un límite al tiempo para pensar. Pero como ya hemos visto es súper complicado evitar que los pensamientos vuelvan o que sean recurrentes. La meditación ayuda mucho, reforzar la autoestima es básico y cada persona tiene una serie de cosas que le funcionan bien o mejor que a otras. Simplemente se trata de que aprendas qué es lo que te ayuda a no pensar.
Y no creas que descubrirlo es fácil, se trata de encontrar cosas en las que tu concentración tenga que ser tan grande que te eviten pensar en otra cosa, como cuando aprendes a conducir. Mucha gente va al gimnasio para eso, pero es fácil pedalear en una bici estática y seguir pensando en tus problemas. Lo difícil es montar un caballo y seguir pensando en tus problemas, si lo haces es posible que el animal se desboque. Tienes que encontrar algo que requiera tu atención, que te guste y te apasione y usarlo como válvula de escape para apagar los pensamientos.
Mientras, la meditación y reforzar la autoestima te ayudarán a conseguir pensamientos más positivos. Es un trabajo duro y que requiere un esfuerzo, pero el resultado vale la pena.




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