martes, 2 de febrero de 2016

Ya ha comenzado...

Ya ha comenzado.

    Hay un camino, que hay, que cruzar donde las lágrimas acarician los deseos. 
    Has subido a la azotea de tu casa y has divisado la ciudad vieja en su esplendor: 
    Has visto los viejos campanarios laminados, las luces de la ciudad que anuncian la aproximación del nacimiento del niño dios…Qué paradoja, el niño dios lo celebramos durante el solsticio de invierno…Tradiciones. 
    Has sentido el frío inmenso de la tarde sobre tus pupilas, el peso inerte de tus molestias acrecentándose sobre las llagas de tus manos, y has sentido el comienzo del fin, el verdadero renacer de tu propio ser.
    Llevas una vida buscando caminos, desde la distancia, al olvido, desde los labios más suaves hasta la voz del Violinista Owen Pallet que te tocó “this is the dream of win” sobre un invierno en Berlín.       Has viajado hasta el confín del mundo detrás del lucero del alba y le has preguntado por tus años olvidados, sentado en la colina de Bujaraiza, has llorado recordando el niño que se encerraba en la buhardilla de su casa a escribir poemas de soledad. 
    El día que nacemos, morimos al mundo, ese axioma cumple la única verdad universal: nacemos para convertirnos en sal que sustente las aguas cálidas, nacemos para ser piedra angular que sujeta los barrancos más hostiles…
    El mundo, nuestro mundo es un espejo perfecto de nuestra visión del mundo. Quieres ser mágico, quieres sentir y visionar tus noches pasadas en alcobas ajenas, tus primeros deseos, tus gritos al viento.
    Sabes, ahora ya ha comenzado, es el final del comienzo, ya no hay marcha atrás, y recorrerás este tránsito sintiéndome arropado por las manos suaves de tu mejor amiga, cuya sonrisa proclama una oración de bondad; y te dejarás mecer por los labios de a quien amas, tu fiel compañera de energías, te mecerá en su regazo hasta sentirte eterno, te sustentará con el néctar de sus sueños, hasta dejarte dormir sonriente besándote tus ojos. 
    Y ese amigo que hace tiempo que no ves te contará cuentos que nunca acabarán para disfrutar de su presencia, siempre expuesta a la magia de las emociones. 
    Tu niño interior te llevará por playas incansables, dejando que el salitre inunde tus rodillas, te hará reír con su voz, te cantará para hacerte feliz. 
    Tu ser adulto bailará cogiéndote de la cintura un tango eterno diciéndote al oído que está a tu lado, que te apoya en todas tus decisiones, y sólo tú, te mirarás a los ojos, no bajará la mirada y llorarás contigo para decirte, con esa voz que sale desde su corazón:
“Las estrellas no temen parecer libélulas, por eso nunca dejan de alumbrar”
Ha comenzado…

Tu cambio ya está aquí.


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