jueves, 10 de septiembre de 2015

"La soledad es el imperio de la conciencia"... (Segunda parte).

    Es mejor solos que mal acompañados.

    "Saber escuchar, es el mejor remedio contra la soledad".

    Cuando nacemos, los seres humanos necesitamos del contacto físico para sobrevivir. A través de la piel nos comunicamos, exploramos y establecemos nuestros primeros vínculos con otras personas. En base a nuestras relaciones, y vamos construyendo nuestra realidad afectiva, y a medida que vamos creciendo, y nuestra auto imagen. La soledad no aparece hasta que conquistamos la autonomía física y comenzamos a aventurarnos en el territorio de la independencia. Y si nuestra dimensión relacional está bien estructurada, es un elemento que nos permite profundizar sobre nosotros mismos y el mundo que nos rodea.

    Según los expertos, "Es un factor de equilibrio psicológico, clave en el desarrollo humano, pues nos da el espacio y el tiempo que nos permiten poder re conectar con nuestras autenticas necesidades emocionales e inquietudes personales".

    Sin embargo, cuando la soledad no deseada se extiende en el tiempo, adquiere un componente árido, emocional y afectiva mente.

    No en vano, gran parte del sufrimiento que genera la soledad se debe a la lucha permanente que mantenemos con ella. Sin embargo, lo único que conseguimos cuando la rechazamos es incrementar nuestro nivel de malestar. En cambio, si aceptamos lecciones valiosas. Nos libera de la dependencia de los demás y nos obliga a encontrarnos con nosotros mismos.

    Al fin y al cabo.

    ¿Qué dice de nosotros, el hecho de que no estamos a gusto con nuestra propia compañía?.

    ¿Cómo pretendemos construir relaciones sanas si no hemos atendido primero la que mantenemos con nosotros mismos?.

    Si nos atrevemos a ir más allá del desierto de la soledad, encontraremos un espacio de equilibrio que nos hace crecer en humildad y aprendizaje, nos ayuda a valorar más nuestras relaciones y nos conecta con la empatía. Si sentimos que no tenemos ninguna persona con la que, poder compartir auténtica mente y ningún proyecto del que formamos parte, tal vez sea el momento de plantearnos que estamos haciendo, nosotros para que eso suceda. Y la soledad nos brinda el regalo de tiempo para averiguar lo...

    Continuará...

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